LA ODISEA DE LOS AGRICULTORES ECOLÓGICOS DE MADRID

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Entre plantaciones de patatas, espárragos o calabacines, aparece el tesoro más preciado de los viveros Monjarama: su fresa ecológica. A metros de distancia, se puede percibir el dulce olor del fruto de la famosa variedad ‘Mara des Bois’, así bautizada por su creador francés Jacques Marionnet en 1991 imitando las fresas silvestres. De color rojo carmesí brillante, más pequeña que el fresón que habitualmente se encuentra en los mercados españoles, pero más sabrosa al gusto, la fresa ecológica de estos viveros es uno de los principales reclamos para los consumidores.

Hugo Vela es el actual propietario de la Finca Monjarama. Situada en la vega del río Jarama, en el municipio madrileño de San Sebastián de los Reyes, esta explotación familiar es algo más que un negocio. Desde que sus padres adquirieran el terreno en el año 1972, la finca no ha cesado su actividad. Su madre, de origen francés, quiso seguir con la tradición familiar de cultivar fresas, frambuesas y otros frutos del bosque, dando lugar a uno de los primeros viveros de estas características en España.

Tras cursar estudios de Ingeniería Agronómica en el extranjero, Hugo Vela decidió dar un valor añadido a la finca. Apasionado de su trabajo, para Vela, la agricultura ecológica es la mejor opción cuando se tiene la responsabilidad de dar de comer al otro.

Fresa ecológica ‘Mara des Bois’ de la Finca Monjarama Patricia López

Una agricultura más sostenible, libre de químicos y respetuosa con el medio ambiente son las consignas de este tipo de agricultura en auge en España. Es la denominada agricultura ecológica y la certificación es su seña de identidad. Esta certificación lleva detrás un largo y pesado proceso burocrático, debido al cual son muchos los agricultores que no se deciden a cambiar de bando. Así ocurre en la Comunidad de Madrid, donde, a pesar de contar con 379 operadores certificados y sometidos al control de un organismo público certificador, el Comité de Agricultura Ecológica de Madrid (CAEM), se está experimentando con un nuevo tipo de certificación no oficial basado en la confianza productor-consumidor.

Desde la entrada en vigor de la primera regulación sobre agricultura ecológica en España en el año 1989, la producción ecológica ha experimentado una evolución al alza, según los datos recogidos en las Estadísticas de Producción Ecológica del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA) para el periodo 2001-2013.

En 2001, año desde el que están disponibles los datos en el MAGRAMA, la superficie ecológica nacional no llegaba al medio millón de hectáreas dedicadas al cultivo ecológico. No fue hasta 2008 cuando la superficie ecológica alcanzó el millón de hectáreas al registrar el mayor aumento, con un total de 329.429 hectáreas inscritas, lo que suponía un 33% más respecto al año anterior.

En esta creciente evolución, el año 2012 y 2013 han sido los únicos años que han registrado un descenso de la superficie ecológica. A pesar de ello, con un total de 1.756.548 hectáreas, España es el primer país en agricultura ecológica de la Unión Europea, según los datos de Eurostat para el año 2012 (los últimos publicados). Por detrás se sitúan Italia y Francia, con un 1.167.362 y 1.032.939 de hectáreas cultivadas, respectivamente.

Regulación de la producción ecológica

La producción ecológica, dentro de la que se enmarca y define la agricultura ecológica, queda regulada por el Reglamento 834/2007 de la Unión Europea, ejecutado en virtud del Reglamento 889/2008, de la Comisión.

El Ministerio define la agricultura ecológica como “un compendio de técnicas agrarias que excluye normalmente el uso de productos químicos de síntesis como fertilizantes, plaguicidas, antibióticos, etc. con el objetivo de preservar el medio ambiente, mantener o aumentar la fertilidad del suelo y proporcionar alimentos con todas sus propiedades naturales”.

Para María Fernández, socia de Gneis Sociedad Cooperativa Madrileña, la agricultura ecológica se concibe como una actividad sostenible en el tiempo, que respeta el medio ambiente y que entiende el suelo como un organismo vivo. Así lo entiende ella y los demás socios de la cooperativa, que tras un tiempo formando a gente en viverismo, decidieron crear ellos mismos su propio proyecto de agricultura ecológica. Nació así Ecosecha en 2004, que cuenta ya con tres fincas distribuidas por la Comunidad de Madrid.

Exceso de burocracia

Ecosecha, al igual que otros operadores ecológicos de la Comunidad de Madrid tienen que seguir un proceso de certificación para poder adquirir la denominación ecológica. Esa certificación se lleva a cabo a través del Comité de Agricultura Ecológica (CAEM), organismo de control público. El sistema de control público es el mecanismo mayoritariamente elegido por las comunidades españolas, a excepción de Andalucía y Castilla-La Mancha, que cuentan con organismos privados. Aragón, por su parte, presenta un sistema mixto.

Esta descentralización de las autoridades de control queda establecida en la regulación europea de la producción ecológica, mediante la cual los Estados miembros pueden designar una autoridad competente para el trabajo de control y de certificación. En el caso de España, este cometido es ejercido por las comunidades autónomas, que a su vez delegan esa tarea en organismos públicos propios o privados.

La certificación en Madrid lleva aparejada un largo proceso documental a través de la presentación de numerosos documentos y datos. Acabará, como se muestra en el gráfico, con la expedición de un certificado de conformidad que permitirá al operador trabajar en agricultura ecológica.

Actualmente, la Comunidad de Madrid tiene registrada una superficie total de 9.383 hectáreas, extensión un poco mayor a la de la isla balear de Formentera, y un total de 379 operadores certificados y sometidos a control, según los datos recogidos hasta el año 2013 por el CAEM.

 

 

Hugo Vela es uno de los operadores ecológicos cuya actividad está certificada y sometida al control del CAEM. Sus viveros producen fresas, que luego entarrinan frescas y venden directamente al consumidor, por lo que está inscrito como productor y elaborador. “Yo no necesito ser una industria para envasar, pero como el Comité quiere ser más papista que el Papa, pues te lo separa”, cuenta Vela refiriéndose al proceso de certificación.

José Miguel Mulet, profesor de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia y firme opositor de este tipo de agricultura como así ha expresado a través de su libro Los productos naturales, ¡vaya timo! y en diversas entrevistas publicadas, dice al diario EL MUNDO que “la certificación ecológica es un mero trámite administrativo”, en el cual lo único que cuenta es que lo que se produzca se ajuste al reglamento europeo de producción ecológica.

“La agricultura nunca puede ser ecológica, porque siempre va a tener un impacto ambiental”, afirma Mulet sobre este tipo de práctica agrícola. A partir de ahí, lo único que garantiza la certificación es que se ajuste al reglamento, que establece que lo que se aplique al producto sea natural sin fijarse en la seguridad del producto o si este es mejor o peor, según Mulet. “En lo denominado natural también está el veneno de serpiente, que es muy malo y es muy natural”, asevera.

El papel de la certificación para el productor de la ‘Mara des Bois’ es garantizar de manera oficial que la producción se ajusta a la normativa. La certificación para Hugo Vela es necesaria y es una garantía hacia el consumidor: “yo no me puedo convertir en juez y parte de lo que hago”.

A pesar de ello, opina que llega un momento en que el que se añaden tantos sellos que se produce una degeneración del certificado. “Yo tengo ganas de hacer un collage, coger una tarrina y llenarla de sellos por todas partes, para que se den cuenta de la cantidad de gente que quiere intervenir en el proceso para certificar el certificado del certificado”, bromea al respecto mientras señala los múltiples sellos que lleva la tarrina de fresas ‘Mara des Bois’.

Documentación a aportar por el operador ecológico Patricia López

La burocracia y la cantidad de documentación por aportar para la certificación ecológica es una de las principales quejas de los agricultores ecológicos y de los agricultores convencionales que quieren dedicar parte de su explotación a ecológico.

“Tiene más trabajo burocrático, porque tienes que hacer papeleos”, afirma Pablo Chamberlain, director de la Finca Los Arenales, ubicada en el municipio madrileño de Estremera. El trámite burocrático es para el director de la finca una de las principales diferencias que encuentra entre la agricultura convencional y la ecológica. “Es una de las cosas que intentaría agilizar”, comenta al respecto.

Hacia formas de certificación menos burocratizadas

Frente al sistema oficial de certificación que conlleva aportaciones documentales múltiples, establecido en la normativa europea, están surgiendo nuevas formas extraoficiales basadas en la confianza que se genera entre el consumidor y el productor que son ajenas al sello ecológico preceptivo.

En este sentido, señala Mulet que está brotando una corriente entre los agricultores ecológicos más radicales, que lo que quieren es que la producción ecológica se base en la confianza.

Un trabajo sobre canales y estrategias de comercialización del sector hortofrutícola de la Comunidad de Madrid, elaborado por Julia del Valle en diciembre de 2013, enuncia una serie de proyectos autodenominados ecológicos que han optado por no acogerse a la certificación ecológica.

Huerta La Madre Vieja, situado en Ciempozuelos, es uno de esos proyectos que Julia del Valle cita en su ensayo. A su cabeza están Pablo Martínez y Rubén Iglesias. Surge por la creencia de que es posible hacer un nuevo tipo de agricultura más sostenible y para el cual no creen necesario tener un sello que demuestre lo que están haciendo. “Las técnicas que aplicamos sí que están todas admitidas por el comité, pero no vemos necesario tener que pagar los cánones”, apunta Pablo Martínez.

Para ellos, la certificación ecológica es una gran traba. “Lo que quiero es que sea totalmente público, que sea un servicio, donde nosotros los agricultores tengamos a nuestra disposición a técnicos de agricultura ecológica que vengan aquí y a los que podamos preguntar dudas”, dice Rubén Iglesias sobre los organismos de certificación.

En el calor de ese debate en favor o en contra de la certificación, Hugo Vela, operador ecológico partidario de la certificación como sello de garantía, señala también que hay una nueva tendencia por la que la gente puede ver el proceso de producción. “Vienes aquí a ver cómo se produce y no necesitas ninguna certificadora. Tienes la garantía de que lo que estás haciendo es ecológico, ¿para qué necesito un sello?”, cuenta.

Vela, como productor que vende directamente al público, asegura que la gente que compra productos ecológicos no se contenta con saber qué comen, sino que quieren saber cómo se produce. Entonces, se interesan por todo el proceso. “A mí me gustaría que las industrias fueran tan transparentes como lo somos en las explotaciones ecológicas”, expresa al respecto.

Huerta ecológica de Ecosecha Patricia López

Controles a la producción ecológica

La certificación ecológica implica acogerse a una serie de requisitos regulados en la normativa, entre los que se encuentra el someterse a un sistema de control por parte de los organismos certificadores. Éste, a su vez, debe ajustarse a la legislación sobre controles oficiales en alimentos de la Unión Europea.

“Los organismos de control constituyen el elemento central del sistema de control y llevan a cabo controles de los distintos operadores. Los consumidores, las autoridades de los Estados miembros y la Comisión se basan en gran medida en el trabajo de estos organismos”, apunta el Informe especial número 9 sobre Fiscalización en el Sistema de Control que rige la producción, transformación, distribución e importación de productos ecológicos, elaborado por el Tribunal de Cuentas Europeo en el año 2012.

En este procedimiento, el reglamento de producción ecológica se presenta como una de las trabas en el control de los agricultores y las industrias ecológicas, según Luis Bayón, director técnico del Comité de Agricultura Ecológica de Madrid (CAEM). “Es muy complejo, pero hay que hacerlo lo más simple posible, porque al final ni los agricultores ni las industrias saben muy bien qué tienen que cumplir y qué no“.

Pablo Chamberlain, director de la Finca Los Arenales, opina que el CAEM funciona bien, pero asegura que “habría que dedicarle más dinero al Comité, a la ecología, por lo menos en Madrid. Todavía te lo escriben todo a mano”.

El control llevado a cabo en la producción ecológica establece una visita anual por parte de las autoridades, a las que se podrán añadir inspecciones adicionales en función de la evaluación del riesgo. Tras estas visitas, el inspector cumplimentará un acta donde se especifique si se ha realizado toma de muestras y si el operador ha cumplido con los requisitos para conservar su denominación ecológica.

Esta evaluación, ya señalada en el Reglamento 889/2008, ha sido reforzada con la entrada en vigor el pasado 1 de enero de 2014 del Reglamento 392/2013, de la Comisión Europea y mediante el cual se intensificaban las visitas adicionales de control de un cinco a un diez por ciento.

Según el Informe del Tribunal de Cuentas Europeo, los sistemas de control por parte de los Estados miembros no son los suficientes. Para el director técnico del CAEM, “el control en España es bastante bueno”, y está sujeto, además a una supervisión por parte del organismo superior.

Sin embargo, no ha sido posible analizar si se han respetado los porcentajes respecto al número de visitas de control anuales y visitas de control adicionales realizadas por el organismo público del CAEM a los operadores ecológicos inscritos, puesto que se ha negado el acceso a los datos después de repetidas llamadas telefónicas.

Por su lado, el Área de Industrias Agroalimentarias de la Comunidad de Madrid es la autoridad competente encargada de esta supervisión. Irene García Marcos, su responsable, apunta que el proceso de control llevado a cabo es ágil y que el número mínimo de visitas obligatorias señaladas en la legislación siempre se cumple.

“El sistema que tenemos establecido es eficaz. Verificamos y constatamos que todo el mundo cumple y podemos garantizar que todo se adapta a la norma. Es una ratificación de que el sistema funciona”, asegura García Marcos.

Infracciones e incumplimientos en el sector ecológico

La producción ecológica debe ajustarse, además, al Plan Nacional de Control Oficial de la Cadena Alimentaria. Este plan cuenta con un programa específico de control de los operadores ecológicos, entre los que se debe especificar el número de controles realizados, número de incumplimientos e infracciones, entre otros.

Luis Bayón, director técnico del CAEM, comenta que “el sector de la agricultura ecológica en España no es un sector especialmente fraudulento”. En cambio, sí apunta que los incumplimientos son una constante en el día a día.

Por su parte, José Miguel Mulet dice que aunque aparentemente las alarmas en productos convencionales son mayores, se ha de tener en cuenta la proporción. “La producción ecológica representa solo el 4% del total. Si miras el número de alarmas en función de la producción, en proporción, es mucho más alta en la ecológica que en la convencional”, asegura.

J.M. Mulet: “La producción ecológica representa solo el 4% del total. Si miras el número de alarmas en función de la producción, en proporción, es mucho más alta en la ecológica que en la convencional”

Según los datos recogidos en el Informe Anual de Resultados del Plan Nacional, en el año 2013 se produjeron un total de 401 controles en la Comunidad de Madrid, entre los que no se produjo ningún tipo de infracción (conlleva la retirada de la certificación). En cuanto al número de incumplimientos, el informe señala que en 2013 se produjeron tres por parte de los operadores ecológicos.

Los datos disponibles para el periodo 2010-2013 del programa de control de la producción ecológica enmarcado en el Plan Nacional de Control Oficial de la Cadena Alimentaria muestran que en Madrid solo se registró una infracción en 2011, de un total de 315 operadores inspeccionados.

“Podría hartarme de aplicar productos para que la fresa dure más, para cosechar más kilos, pero no quiero seguir esa línea de trabajo”, dice Hugo Vela. Certificados oficialmente o extraoficial, los practicantes y defensores de la agricultura ecológica comparten un mismo leitmotiv basado en una agricultura respetuosa con la gente y con el medio ambiente. “Hacemos ecológico porque es lo mejor que podemos hacer, porque tenemos que dar de comer a las personas de forma responsable”, concluye Hugo Vela.

*La edición y la verificación corrió a cargo de Marcos García Rey, coordinador del Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización, durante el cual se realizó este reportaje.

Cambios legislativos

El Informe del Tribunal de Cuentas Europeo sobre producción ecológica y una serie de encuestas realizadas por la Comisión a los consumidores ecológicos, ha dado lugar a la elaboración de un plan de acción para mejorar el sector. Asimismo, se ha redactado una propuesta de modificación legislativa. Un nuevo reglamento de producción ecológica, dónde se reduzcan las excepciones que “ponían en peligro la integridad del propio sistema”, en palabras de Cristina Rueda-Catry, miembro de la Dirección General de Agricultura y Desarrollo Rural de la Comisión Europea. El borrador de reglamento, que ya se ha presentado al Consejo y al Parlamento para ser discutido, tendrá que ser aprobado por las tres instituciones en un proceso que podría durar unos dos años.

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